La pequeña Susan

 

Tuvo una infancia que no le perdonó nada y de ahí germinó Siouxsie Sioux, que tampoco le perdonó nada a nadie y construyó uno de los universos más copiados y menos igualados de la música

Chislehurst, Kent es un suburbio gris al sur de Londres, de esos que no aparecen ni de suerte en alguna postal o fondo de pantalla predeterminado de Windows y que sin embargo formaron sentimentalmente a toda una generación, o varias que buscaban incendiar y comerse su dolor entre el humo de la niebla y las fábricas de los barrios obreros. Entre esas inhalaciones de humo tristes y futuros inciertos nació Susan Ballion, más conocida como Siouxsie Sioux, o la persona detrás de Siouxsie and the Banshees. Tenía un padre alcohólico que murió cuando ella tenía catorce años. A los ocho intentó suicidarse para que sus padres le prestaran atención, según una entrevista que le brindó a The Guardian en 2012. A los nueve fue agredida sexualmente en la calle junto a una amiga y sus padres no supieron o no quisieron sostenerla. Todo eso la cerró sobre sí misma durante años, la convirtió en una adolescente con una disposición hacia la soledad, que encontraba más sentido en el declive y en la oscuridad escabrosa que en cualquier otra cosa que el mundo le ofreciera. Hasta que en 1975, medio envalentonada con eso que decían que era el punk, un movimiento creado por y para jóvenes desamparados que no lograban acomodarse en ningún taburete o espacio y que descreían de cualquier eslogan político, fue a ver a los Sex Pistols donde conoció a Steven Severin.




En setiembre de 1976, Malcolm McLaren organizó el 100 Club Punk Festival que, con el diario del lunes, algunos dicen fue el certificado de nacimiento de la escena punk londinense. Susan, que ya entonces se hacía llamar Siouxsie Sioux, subió al escenario con una banda que no sabía tocar. Ninguno. Sid Vicious estaba en la batería, Marco Pirroni en la guitarra. Lo que hicieron durante casi veinticinco minutos fue improvisar mientras ella recitaba poemas y rezos de memoria. Algo así como una Patti Smith que no había conocido el Chelsea Hotel. Un año después, en la revista Sounds, ella misma lo describiría sin nostalgia: "la idea era aburrir y molestar tanto a la gente que nos echaran del escenario". De todas formas no los echaron, claro está. Viv Albertine, guitarrista de The Slits, lo recordaría años después en su autobiografía Clothes, Clothes, Clothes. Music, Music, Music. Boys, Boys, Boys (Faber & Faber, 2014): "Siouxsie simplemente apareció, completamente formada, en total control, con una confianza absoluta en sí misma. Me dejó atónita. No me acuerdo del resto del festival, solo de esa actuación." Jon Savage, el cronista más riguroso de esa época —autor de Una luz abrasadora, el sol y todo lo demás, la biografía coral y casi definitiva de Joy Division— fue más escueto pero igual de preciso al hablar de ella en England's Dreaming: "diferente a cualquier cantante anterior o contemporánea, dominante e indiferente, totalmente moderna."

Tres meses después apareció junto a los Sex Pistols en el programa Today de Bill Grundy, en Thames TV. Grundy tenía cincuenta y tres años y en cámara nacional intentó chamuyarla, con acercamientos que rozaban el acoso sexual,  a Siouxsie que tenía diecinueve. Steve Jones respondió por ella con una cadena de puteadas que se convirtió en el escándalo televisivo más comentado de la historia del punk británico. Al día siguiente los diarios titulaban Filth and the Fury. Grundy fue suspendido dos semanas por error grave y periodismo negligente y su programa fue cancelado nueve meses después. Siouxsie se distanció del entorno de los Pistols, cerró filas con Severin y se concentró en lo único que le importaba que era construir los Banshees.



Lo que vino después fue levantar de cero, sin manual ni precedente, un sonido y una imagen que no existían antes de que ella los inventara. El maquillaje de ojos de gato, el labial oscuro, el pelo negro en punta, la ropa que mezclaba fetiche y glamour y amenaza en proporciones iguales. Algo que luego vimos como extensión de varios universos como el de Robert Smith, Lydia Lunch, etc. Jon Savage, en England's Dreaming dijo que Siouxsie era ‘’abiertamente sexual pero no para el placer de nadie más que el propio’’. Esa frase define no solo su estética sino su actitud entera, ante los colmillos de la industria, ante el público, ante todo. La esvástica que usó en el brazo durante los primeros años le costó años de polémica y acusaciones que Siouxsie rechazó siempre, argumentando que era provocación antiburgesa y no declaración política. Para zanjar el asunto no dio entrevistas largas: escribió dos canciones. Metal Postcard, dedicada al artista antinazi John Heartfield y la canción Israel.

Las discográficas los ignoraron durante dos años. Polydor los fichó finalmente cuando amenazaron con publicar el primer disco de forma independiente. The Scream salió en 1978 y fue el comienzo de once álbumes de estudio en dos décadas que definieron lo que hoy se llama rock gótico y post punk, aunque ninguna de esas etiquetas les cabe del todo porque la banda nunca se quedó quieta lo suficiente como para ser clasificada bajo esa etiqueta que hoy en día engloba indiscriminadamente a todos los artistas que más o menos hacen un rock con ciertas características oscuras —y algunos claro está lo utilizan como pose estética—. La formación rotó de manera casi constante. Robert Smith de The Cure pasó por ahí como guitarrista de gira y en Hyæna en 1984. No importaba quién estuviera detrás. Adelante siempre estaba ella.

Juju, de 1981, es el disco que se suele señalar como la piedra fundacional de toda la iglesia gótica. Lo constituyen, o envuelven como sábanas con manchas de nicotina, ambientes psicodélicos y oscuros. Spellbound, el single, no llegó al top 20 en su momento, pero cuarenta años después Netflix la usó en el final de la cuarta temporada de Stranger Things y pasó a ser la canción más escuchada de toda la discografía de la banda.

En 1983 Dear Prudence, la versión de los Beatles, llegó al número tres en el Reino Unido. En 1992 Tim Burton les pidió personalmente que escribieran la canción principal de Batman Returns. El resultado fue Face to Face, compuesta junto a Danny Elfman, lenta y orquestal, con referencias veladas a Bruce Wayne y Selina Kyle. Tomaron The Passenger de Iggy Pop y la versionaron pero lo cierto es que no se alejaron mucho de la versión original, es decir aportaron algunos elementos nuevos -como vientos y alguna nota nueva que Iggy Pop incluso dijo que nunca se le había ocurrido- pero no es que hayan tomado la canción y la hayan deformado, llevándola a un punto totalmente distinto del que nace, que era algo que se esperaba que pudieran hacer. Ese no hacer también se vuelve una característica a remarcar. En paralelo formó The Creatures con Budgie, el baterista de los Banshees con quien se casó, logrando un proyecto más íntimo y percusivo que grabó en Japón, en Hawaii y en España cuatro discos entre 1983 y 2003. La banda se disolvió en 2004, el mismo año en que ella y Budgie se separaron. Los Banshees por su parte habían parado en 1996.



El único disco solista bajo su nombre fue Mantaray, en 2007. Después, un silencio largo. Volvió a los escenarios en 2023 con una gira por el Reino Unido y una fecha en el festival Cruel World en Estados Unidos, primera aparición en vivo en más de una década, y el público que la recibió no era el de 1976 pero tenía la misma temperatura, esa que se genera cuando las ganas de ver a un artista que solo podemos ver a la distancia. Björk, PJ Harvey, Garbage, Bat for Lashes la citaron como referencia directa. La influencia de Siouxsie Sioux es de esas que se mide en generaciones, en actitudes y cuestiones que no se basan estrictamente en lo musical. Todo ese árbol viene de una chica de diecinueve años que subió a un escenario con la intención de que la echaran y terminó barriendo el festival de punk más importante de la historia reciente. Susan se quedó en Chislehurst. Siouxsie no paró nunca.


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