Voces al lado

 

El solista mueve sus dedos casi que instintivamente

Rellena con la yema de sus dedos, los huecos perforados gracias a una muy fina máquina, que le dio vida y le otorgó ese plateado brillante que tumbaría hasta a un ciego.

Sopla con fuerzas mientras mira el suelo, debe ser por vergüenza. O debe ser la culpa, que le chupa la raquítica oreja, revoleando su lengua, haciendo círculos y espirales del horror

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