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Mostrando las entradas de febrero, 2026

Los tártagos.

Cierra los ojos. Acerca la llama a su cigarro. Deja que suene la orquesta. Abre las ventanas, movimientos corcovos delatan un malestar dulce. El techo ostenta una pintura que a esta altura es solo una mancha arrastrándose en su memoria. Las columnas desfilan las sombras que el sol le entrega. La deja entrar a ella, viva en las grabaciones. Afina su oído para encontrarse con ese rasgueo suave en el violín. Sabe que es el de ella. Lo distingue entre otros quince. No quiere abrir los ojos. El viento es cruel pero tampoco impide su paso. Sabe que está viniendo. Los sueños son mentiras que terminan por quemarse. Las gotas golpean contra el vidrio escuálido de la casa. El frío se zambulle por los burletes. No se permite abrir los ojos. El ambiente se resbala en una niebla que logra comerse las voces, los ruidos, al lago y los árboles. Poco a poco abandona el pupitre y se adentra en un bosque ciego y aparentemente luminoso. Desconoce hacia dónde va, pero encuentra un río azul y un fuerte olor...

A la noche

  Frenamos al costado de la ruta. Podría ser la ruta 1, la 101 o incluso la 5. El freno de mano chirrió como un disparo de escopeta; grueso y sin movimiento. Las puertas pesadas del Fiat bostezaron y mis botas sobre el pasto generaron una onda suave y tímida que no llegó hasta el alambrado. Puse mis manos en los bolsillos mientras que Nico rápidamente encendió un Parliament dejando que este genere un surco de humo gris en el cielo. Entramos al restaurant sin hablar, las luces eran delgadas, como si hubiesen estado prendidas durante todos estos años y esto haya hecho que perdieran su fuerza. Había varios grupos de personas dispersados por el salón. Se escuchaba el ruido de labios mezclándose, hielos bailando en vasos a medio terminar y una banda que tocaba algo similar a un blues desfachatado. El baterista parecía haber estado bebiendo desde temprano, el bajista era un tipo alto y sin gracia totalmente desprovisto de algún swing aparente, mientras que el guitarrista tocó un riff esp...

Divinidades subalternas

Se arrojó a un río de whisky y flotó con la exigua ayuda de una jeringuilla rebalsando lexotan diluido en ginebra. - ‘’Mírame’’ dijo, y se insertó cuatro dedos en la boca, con la mirada lapidaria y expresionista. Al toque comprendí que esto merecía estar ambientado con una de los Stones, pero ella ladró hasta lanzar un rayo de sangre tibia, argumentando que no debería ser tan predecible, que así nadie iba a tomarme en serio. Luego de una taza de café y una temporada breve de spleen paranormal, salió del río. Era un 13 de setiembre del año 1846. Se monto encima de mí, como una perla frutal endemoniada y sin prometer palabra, cortó mis encías con el filo de su crucifijo - ‘’ ¡Traidor!’’ - ‘’Otra vez vos y tus intentos de abarcarlo todo’’ contesté, atrapando los hilos rojizos y acaramelados que escapan con fuerza de las heridas abiertas. - ‘’Ah si, que si el vals del carrusel, la coca cola y el humor de Bretón, sos un inadaptado, no servís para nada’’ exclamó la princesa, en compañía de l...